peuterey giacconi A Mexican Viewpoint on the War With the United States

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Los historiadores estadounidenses se refieren a este evento como la “Guerra Mexicana”, mientras que en M preferimos el uso del t de la “Invasi de Estados Unidos”.

Estas conceptualizaciones contrastantes no se basan en simples caprichos, sino en diferentes percepciones del conflicto. Cuando el Congreso de Estados Unidos autoriz una declaraci de guerra contra M en 1846, se acept oficialmente el punto de vista del presidente Polk. Este manten la postura de que el gobierno mexicano mejor dicho, los gobiernos mexicanos no le hab dejado a Estados Unidos otra alternativa que la de defender su seguridad e intereses nacionales y que M era el culpable de que la guerra se originara.

Este argumento ha sido objeto de debate en historiograf mexicanas y estadounidenses, habiendo quienes lo defienden y quienes lo critican cuando tratan de explicar la conducta de los l pol y generadores de opini mexicanos. Los historiadores estadounidenses han encontrado que es dif explicar la actitud adoptada por los gobiernos mexicanos y la prensa nacional de esos a Sus interpretaciones han sido parciales, descontextualizando algunas declaraciones oficiales y algunos art period y utiliz como supuesta evidencia de la beligerancia exagerada de M Sin embargo, si estos documentos se estudian en base al contexto de la situaci interna de M en la podemos ver el otro lado de la moneda.

Efectivamente, a fin de comprender el punto de vista mexicano en relaci a la guerra contra Estados Unidos, es necesario considerar tres puntos importantes: primero, el estado interno de M durante la d de 1840; segundo, el problema de Texas; y, tercero, la invasi de Estados Unidos sobre el territorio mexicano.

Entre 1841 y 1848, M vivi uno de los periodos m cr en la formaci de su Estado. Primero, entre 1841 y 1843 estuvo la dictadura de Santa Ana y, luego, la segunda Rep Centralista, en el poder hasta diciembre de 1845. A esto le sigui la dictadura de Mariano Paredes que dur ocho meses y durante la cual se discuti una vez m la posibilidad de establecer una monarqu Finalmente, en 1847 se restaur el gobierno federal de la rep despu de que se hab sucedido seis presidentes de junio de 1844 a septiembre de 1847. Con la excepci de Manuel de la Pe y Pe el resto lleg al poder como resultado de levantamientos populares o militares contra sus predecesores. As todos se enfrentaban a fuerzas de oposici que cuestionaban su legitimidad y estaban ansiosas por derrocarlos. Como resultado de estas condiciones, los problemas en torno a la separaci de Texas y su anexi a Estados Unidos, as como la misi de John Slidell, se convirtieron en parte del debate entre los partidos y facciones pol y en el pretexto para que una facci u otra minimizara la legitimidad de sus oponentes.

Como se se en un art del diario “El Siglo XIX”, el tema de la separaci de Texas y los intentos de reintegrarlo a la soberan mexicana se usaron para justificar, realzar, deshacer o revivir las reputaciones de importantes figuras y partidos pol y, sobre todo, como una excusa para justificar cualquier tipo de movimiento “revolucionario”.1 De la misma manera, los esfuerzos realizados en 1845 y 1846 por buscar soluciones negociadas para evitar la anexi de Texas a Estados Unidos y despu para evitar la guerra, fueron denunciados por la prensa opositora como actos de debilidad y hasta de traici

Por ejemplo, la administraci de Jos Joaqu Herrera tuvo un apoyo apenas precario para negociar con el gobierno de Texas en abril y en mayo de 1845, as como para recibir al enviado John Slidell a fines de ese mismo a Mariano Paredes confront la misma situaci en 1846, y en 1847 Santa Anna se enfrentar a la constante sospecha de traici que le impidi establecer contacto directo con Nicholas Trist despu de la derrota de Cerro Gordo. Por lo tanto, el fr estado de la autoridad era un obst para cualquier intento de soluciones negociadas. Incluso representantes de Estados Unidos reconocieron las limitaciones pol que caracterizaron la capacidad de negociaci de los gobiernos mexicanos a partir de 1844, cuando el secretario Wilson Shannon report lo siguiente a su gobierno acerca de la anexi de Texas:

“. . . Algunos ejemplos incluyen: un art que se le a a la Constituci mediante el cual se prohib la transferencia de control de territorios;3 y las enmiendas a la Constituci Federal de 1824 que se aprobaron en 1847 y que descalificaban “al Ejecutivo de firmar un acuerdo de paz y concluir negociaciones con naciones extranjeras”.4

Desde la perspectiva mexicana, el problema de Texas ten dos facetas: una se relacionaba con su separaci de M y la otra con su anexi a Estados Unidos. En cuanto a la primera, de 1836 a 1845,
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M sosten tal vez con un poco de inflexibilidad que la separaci de Texas era ileg y reafirmaba su derecho de reincorporar esta parte de su territorio a trav de todos los medios necesarios, incluido el uso de la fuerza. Adem consideraba que a pesar del reconocimiento que los texanos hab obtenido en otros pa el conflicto era un problema interno. Vale la pena mencionar que la posici de M fue muy similar a la que a despu adoptar el gobierno de Estados Unidos al enfrentarse al problema de la separaci de sus estados sure Asimismo, la emancipaci potencial de Texas advert la vulnerabilidad de los territorios de Nuevo M y California, debido tanto a las intenciones de Texas de definir su frontera a lo largo del R Bravo (R Grande en EU) y las de Estados Unidos de expandir su territorio hasta el oc Pac

La imposibilidad de reincorporar a Texas por medio de la sumisi militar de los rebeldes ya era clara en 1843 cuando el gobierno de Santa Anna acord firmar un armisticio. Ese a empez a tomar forma la opci de negociar con la inclinaci a reconocer la independencia texana. Sin embargo, para entonces Estados Unidos ya hab revivido su viejo proyecto de anexarse la regi

Desde el punto de vista mexicano, la anexi de Texas a Estados Unidos era inadmisible tanto por razones legales como de seguridad. As cuando el gobierno mexicano se enter del tratado firmado entre Texas y Estados Unidos en abril de 1844, reafirm la postura que hab expresado un a antes de que M considerar dicha acci como “una declaraci de guerra”. Despu cuando el Congreso aprob la resoluci conjunta invitando a Texas a unirse a Estados Unidos, M suspendi relaciones diplom con su vecino. M sosten que la anexi de Texas por tratado o por resoluci del Congreso de Estados Unidos era una violaci al tratado de la frontera de 1828 que reconoc la soberan de M sobre dicho territorio.5 En consecuencia, dichos actos eran una violaci de principios fundamentales de derecho internacional; adem establec un peligroso precedente a la seguridad territorial de M ya que las mismas f podr usarse para anexarse otras a lo largo de la frontera.

Enfrentada a esta situaci la administraci de Jos Joaqu Herrera intent una diplomacia de doble filo, primero, al denunciar la resoluci de Estados Unidos como ilegal6 y, segundo, estableciendo negociaciones con Texas teniendo dos objetivos en mente: evitar la anexi de Texas y eludir un conflicto armado con Estados Unidos. La opci de negociar con la inclinaci a reconocer la independencia de Texas se acept bajo la condici de que se rechazar la anexi A este fin, se utilizaron los buenos oficios de representantes brit en M y en Texas, pero este intento result demasiado tard e infructuoso.

Iniciadas estas negociaciones, la prensa mexicana se vio dividida entre quienes se opon a negociar con Texas y aqu que apoyaban las acciones del gobierno. La oposici representada principalmente por aqu a quienes se les refer como “puristas”, insist que se deber recuperar Texas a trav de una expedici armada. Los “moderados” que originalmente apoyaron la soluci negociada con Texas se cambiaron al otro lado cuando, al final, Texas acept la anexi Ambos lados decidieron lanzar sus campa contra Texas y no declararle la guerra a Estados Unidos. La orden estaba en acuerdo con un decreto aprobado por el Congreso hac exactamente un mes, en el que se autorizaba al gobierno “dentro de todos sus derechos a que utilizara todos los recursos disponibles para resistir hasta el final”9 dicha anexi Esto se reafirm despu en el proyecto de ley que se le present al Congreso el 21 de julio en el que se manten que la movilizaci militar ten el prop de:

” . . Un mes antes, se le hab comunicado al secretario de Estado Buchanan, a trav del agente estadounidense William Parrot, la posici del gobierno mexicano en los siguientes t

“He comprobado satisfactoriamente a trav de un canal indirecto de comunicaci . Primero, hab aumentado la oposici de la opini p y de ciertos intereses pol a un acuerdo que significara el reconocimiento de la anexi de Texas.14 De esta manera, el gobierno no ten el consenso interno necesario para las negociaciones. En segundo lugar, las instrucciones que se le dieron al enviado John Slidell inclu la propuesta de Estados Unidos, y no ten mucho que ofrecer en t de las negociaciones. Dichas instrucciones no s inclu la demanda de que el R Bravo (R Grande en EU) sirviera de frontera con Texas cuando, de hecho, el R Nueces siempre se hab definido como tal, sino que tambi demandaban la cesi de los territorios de Nuevo M y California vinculada a derechos que se hab resuelto cuando se firm la Convenci de 1843.15

Adem la administraci de Polk hab acreditado a Slidell como secretario plenipotenciario y no como comisionado ad hoc con facultades de iniciar negociaciones como hab acordado el gobierno mexicano. Por lo tanto, la misi Slidell se estaba utilizando para forzar al gobierno mexicano a reconocer t la anexi de Texas y la cesi del territorio disputado. Este punto fue el obst inicial para comenzar las negociaciones y punto recurrente en la correspondencia generada del 8 de diciembre de 1845 y el 21 de marzo de 1846 entre el enviado de Estados Unidos y los ministros Manuel de la Pe y Pe y Joaqu Mar del Castillo y Lanzas.16

Para analizar las intenciones del presidente Polk respecto a la misi Slidell, vale la pena subrayar los comentarios que William Parrot le expresara antes al secretario Buchanan:

“Hay otras consideraciones que son importantes para el gobierno y el pueblo de Estados Unidos que hacen que me incline a creer que ser mucho mejor que M declarara ahora la guerra, m que proponer las negociaciones abiertas para el arreglo de las diferencias pendientes, no siendo la menos importante de ellas el trazado de ciertas l geogr en los mapas de la costa noroeste de Am estas l podr hacerse satisfactoriamente en el caso de una guerra pero no en una negociaci ni ahora ni en ning periodo futuro”.17

Las demandas hechas por John Slidell y la negativa del gobierno de Estados Unidos a modificar los t de su acreditaci acompa por la formalizaci de la admisi de Texas a Estados Unidos y la orden dada por el general Taylor de ocupar el territorio entre el R Bravo (R Grande en EU) y el R Nueces, fueron los factores que les confirmaron a los mexicanos que el objetivo de la misi no era otro que el de desplegar:

” . . . . Calhoun que hab sido el promotor principal de la anexi de Texas.19 A los ojos del gobierno de Mariano Paredes, la movilizaci del ej estadounidense era un descarado ataque a la integridad territorial de M y demostraba claramente que Estados Unidos no ten intenciones de sujetarse a los t del tratado de fronteras de 1828. Consecuentemente, el gobierno mexicano reafirm la orden de proteger la frontera, significando con ello el territorio ubicado entre los R Bravo y Nueces, una orden que dio lugar a las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma.
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